Yo me siento un hombre muy afortunado. Tengo un trabajo bastante simple, que me gusta y encima incluye casa. Soy conserje o bedel, según te guste, en un instituto. Me pilló el momento bueno. Ya que vivo en el propio instituto. Mi trabajo cuando no hay clases, simplemente es vigilar el centro.

Aunque suene muy aburrido, a mis años ya le he sacado algún que otro beneficio. En el pasado mi casa ha sido uno de los lugares más discretos para hacer ciertas reuniones clandestinas entre profesores del centro. Las infidelidades están demasiado mal vistas.
Pero eso quizás es una historia que contaré otro día. La que me gustaría compartir contigo, es una de las fantasías que mucha gente tiene.

Como estoy soltero, pues paso mucho tiempo por las famosas páginas para conocer gente, y a veces voy a alguna de esas quedadas, fiestas que hacen. En cuanto digo dónde vivo y a qué me dedico, siempre alguna se interesa. La última, después de largas charlas y algún que otro café, al fin dijo de venir al instituto.

Aparcó en el parking y se bajó del coche. Unas piernas larguísimas apretadas por una especie de leggings de cuero, con unos tacones negros. Un cinturón entre dorado y cobrizo realizado como en metal con cadenas y detalles estilo inca o azteca. Por su cuerpo una blusa suelta con mangas acampanadas en un verde turquesa y tejido vaporoso. El escote de tipo cruzado realzando sus pechos a la vez que le daban un toque de movimiento. A parte, acompaña el morbo por la sensación de que en cualquier momento puede ocurrir un descuido. En la parte alta de su cuello, meciéndose según andaba, una piedra engastada en un collar a juego con los tirabuzones y bucles de su pelo. En su cara unas gafas de sol clásicas de Ray-Ban, es lo que más destacaba con ese tono marrón de los cristales y borde dorado. Compartiendo atractivo, una sonrisa picarona y risueña que iba aumentando según se acercaba a mi.
Nos saludamos, dos besos y la invito a entrar. Tras un rato de conversación, como no podía ser de otra forma, surge el tema del instituto y la visita guiada. No tardó en surgir el tema sexual.

Primero fue en el despacho de dirección. El morbo de la fantasía y la erótica del poder. Allí cayó una felación. Yo me apoyé en el borde de la mesa del director, separé un poco las piernas y desabroché el pantalón y bajé la bragueta. Ella se recolocó el sujetador con el típico gesto de las chicas de tirar del borde y moverlo hacia los lados. Se pasó las manos por el pelo para recogérselo y colocárselo a un lado. Así abrió la boca y empezó a introducirse mi pene, que ya lo tenía yo listo para la acción. No se anduvo con tonterías y fue directa a la garganta profunda. No se movió apenas, pero se introdujo mi pene erecto y lo mantuvo en su garganta unos segundos que para mi fueron casi eternos. Al sacársela, me clavó una mirada con ojos inyectados en vicio y me dijo:

“Tengo varias propuestas educativas que enseñarle”

Y volvió a darme sexo oral, ahora con más movimiento y al terminar me preguntó:

“¿No quieres conocer el resto de propuestas?”

A lo que yo respondí que sí, y ella respondió con un: “en mi departamento”.

Salimos del despacho de dirección y pasamos al pasillo de los departamentos. Ella buscó el de lengua y literatura y me señaló que abriera. Busqué la llave y abrí la puerta. Al pasar, noté una decepción en ella. Creo que no esperaba que fuera una sala tan pequeña, con una pequeña mesa camilla, tres sillas y muchos armarios repletos de libros. Aun así, se sentó en una de las sillas. Empezó a moverse y tocarse la blusa que llevaba y terminó sacándose los pechos por fuera por entre la tela del escote. Agitó sus hombros y sus pechos replicaron el movimiento con cierto retraso y de forma muy natural. Los dos pechos con movimiento acompasado y los pezones sin dejar de apuntar al frente.

Yo me acerqué a ella y puse mis manos sobre sus pechos. Giré mis manos sobre ellos rozando la palma de mis manos con sus pezones, y terminé por apretar ligeramente con mis dedos. Hice varias veces el movimiento de muñecas y terminé susurrándole:

“Creo que tengo el sitio ideal para ti.”

Le ofrecí mi mano para que se levantara, salimos del departamento de lengua y literatura, cerré la puerta y nos dirigimos a uno de los pasillos adyacentes donde se encuentran los laboratorios entre otras cosas.

Abrí el laboratorio de física y química que es el que primero nos encontramos. Un aula grande con mesas blancas elevadas y taburetes de barra de bar. Allí, me acerqué a ella para darle un beso en su labios. Ella colocó sus manos en mis hombros, sin embargo yo puse las mías en sus caderas o muslos, ese punto intermedio difícil de definir. Al margen de los productos químicos que había, en el ambiente se apreciaba la pasión, una tensión sexual que iba a ser rota en breve.

Ella y yo seguíamos inmersos en la pasión del beso a la vez que mis manos buscaron el borde del pantalón y se introdujeron por dentro del mismo. Contacto piel con piel. Ella apartó su cabeza de mi al mismo tiempo que me explayó:

”Por fin te lanzas”

Yo contesté con un:

“Vas a saber lo que es lanzarme.”

Estas palabras las acompañe con el movimiento de bajarle el pantalón a media pierna. Ella hizo lo propio con la ropa interior. La ayudé a sentarse en el taburete más próximo con el culete un poco fuera del asiento. Ella se sujetó el cinturón y se lo subió para que no molestara.

Por mi parte, también me bajé todo y con mi mano izquierda me manoseé el miembro para terminar de ponerlo duro. A la vez, con mi mano derecha, con los dedos para ser correctos, palpé sus bajos. Su vagina desprendía un calor inigualable. A tientas busqué su abertura, introduje un dedo, luego dos. En ese momento llegó un suspiro de ella y el movimiento de recolocarse en el taburete para estar más cómoda. Me acerque a su espalda, con la mano moví mi miembro para rozarla de forma morbosa por su vagina y su ano. Me escupí en la mano y lubriqué mi erecto miembro. Un segundo escupitajo fue a parar mi mano, para volver a pasarla por su zona íntima. Al recrearme por su ano, de su boca salió un no a media voz. Yo la chisté con cierto aire de superioridad, mientras me aproximaba a su lado desde su espalda. Flexioné mis rodillas y coloqué mi pene al inicio de su vagina. Al volver a ponerme completamente de pie se consumó la penetración. Ella tuvo un largo suspiro y una relajación corporal completa. Se entregó al placer y al momento. Yo me sujeté a ella abrazándola y fui dejándome llevar por los bajos instintos que me dominaban.

Del taburete pasamos a apoyarnos sobre la mesa, luego a subirnos encima y tumbarnos, hasta llegar a rendirnos al placer ambos en el suelo y sincronizando nuestros movimientos. Soy un caballero y no voy a entrar en más detalles tórridos y obscenos de ese momento, pero sin duda fue toda una experiencia. En el rato que nosotros estuvimos allí seguramente hubo más química que en una semana de clases.